Corresponsales en la Guerra Civil
Hemingway (derecha) junto a Herbert L. Matthews, del New York Times
En ‘Idealistas bajo las balas’ (Ed. Debate), Paul Preston nos cuenta las historias de los corresponsales extranjeros durante la Guerra Civil. El trabajo del hispanista británico y premio Príncipe de Asturias es valioso por dos motivos. Por un lado, describe la labor de los periodistas en ambos bandos y, con ello, sus dificultades para informar de lo que realmente ocurría, sus a menudo inevitables concesiones a la propaganda y su peculiar relación con el poder, a medio camino entre la independencia y la militancia. Estos achaques no han desaparecido y los ciudadanos de ahora aún tenemos mucho que aprender de algunos de aquellos informadores. Por otro lado, la obra es fiel a la visión lúcida de Preston sobre el conflicto, motivada quizá, como en el caso de los corresponsales, por la sana distancia de su condición de extranjero. El autor británico nos recuerda que la guerra pudo acabar apenas unos meses después de haber comenzado y que en la contienda hubo fieles y rebeldes, y no los rojos y nacionales a los que nos acostumbró la terminología franquista. Además, muestra que, aparte de con la fuerza bruta, Franco ganó el conflicto gracias a la ingenua neutralidad de las potencias occidentales y al siempre fecundo miedo al comunismo. La propaganda ejerció un papel poderoso no sólo en el relato de las campañas militares, sino también a la hora de ocultar la intervención de Hitler y Mussolini a favor de los rebeldes y de hacer pensar erróneamente a Londres y París que allí donde había una democracia legítimamente constituida se escondía la mano negra de la Unión Soviética.
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