‘Perdónanos nuestras deudas: una parábola divina sobre la crisis’
A continuación, un artículo de Eduardo González sobre teología financiera:
“Que Dios se lo pague, caballero”, afirmó la buena mujer sin sospechar la que estaba a punto de liar. El hombre acababa de dar su pequeña donación a la fiesta de la banderita de la Cruz Roja y de repente vio el cielo abierto. “Mire, señora. Le voy a dar por cada banderita hasta 20 veces su valor, pero le he de pedir un favor: por cada una que me pegue, dígame otra vez eso de ‘que Dios se lo pague, caballero’”. Y la buena mujer, extrañada aunque complacida por tanta piedad, empezó a empapelar de banderitas al hombre, al son intermitente de “Que Dios se lo pague, caballero”.
La cosa sólo acabó cuando ya no había ni luz, ni banderitas, ni dinero, ni espacio físico en el hombre para ponerle más pegatinas. Y así de estrafalario, todo lleno de crucecitas rojas compradas a precio de oro, llegó a su casa…
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